Forjado por mares tranquilos, oleajes irregulares y olas de 30 centímetros, nuestro terreno de juego es impredecible. Aquí, las olas no llegan fácilmente. Esperando olas que quizá nunca lleguen. Desarrollamos la paciencia. Desarrollamos la determinación. Aprendemos a aprovechar al máximo lo que el mar nos da. El Mediterráneo es nuestro campo de entrenamiento.

Cuando cambia la estación, migramos, como pájaros que persiguen el viento. Al norte, al oeste, a donde nos llame el oleaje. Cargamos nuestras tablas en bicicletas, barcos, coches, caravanas, aviones... donde sea necesario. Viajamos ligeros, pero vivimos en la distancia.

Desde las frías aguas del Atlántico hasta lejanos paraísos tropicales, buscamos nuevas costas, nuevas personas, nuevas historias, y luego regresamos a casa. De vuelta a los mares tranquilos y cristalinos que nos hicieron quienes somos. Porque aquí es donde comenzó nuestra historia, y donde vuelve a comenzar, cada vez.

Nacido en aguas tranquilas. Moldeado por la imperfección. Impulsado por la búsqueda incesante.